Ya no puedo más con esto

Quisiera poder gritarle al mundo lo que hice.

Así de una vez me deshago de este sentimiento tan extraño con el cual no me logro familiarizar.

Lo malo de hacer algo de lo que uno no se acuerda por completo, es que, poco a poco, todas las partes de la historia logran volver, para de cierta manera atormentarnos.

Estoy enojada y no sé con quién. Bien podría ser conmigo, como podría ser con otro.

Es una tortura, me está matando. Carcome mi alma a pedacitos y no me deja ni estar en paz con él ni huir ni y un carajo.

Estoy convencida que la conciencia es la puta más grande del mundo porque nos jode a todos y no deja pasar inadvertida ninguna factura, tarde o temprano todas llegan.

Sí ya sé que yo era esa que daba mil vueltas por la casa hablando sola, ya sé que ella se enojó conmigo, pero sé que eso es lo que menos me importa ahora.

Si el mundo lo supiera, por mi, o por quien fuera, me sentiría más tranquila, en parte, y por otro lado, otro aspecto sería mi tormento.

Como dice el dicho "A la mano de Dios" lo dejo y que sea lo que tenga que ser y me largo de mi cabeza un tiempo. Al menos hasta que el resto de la historia se encargue de venir a mi para terminar esta mierda de un solo.

Apelación

Antiguamente me declaré culpable de todos mis crímenes; sin embargo, los mando a todos ustedes al carajo.
*
¿Culpable?
*
No jodan. Culpable no es la palabra. Yo sí hice lo que hice y sí soy lo que soy. Pero eso no quiere decir que sea culpable.
*
Eso quiere decir que soy única e irrepetible, no culpable.
*
La culpabilidad es para los pendejos, que no entienden que la vida es sólo una y que es para vivirla, no para arrepentirse.
*
Y sí, embajador del Kwan, la verdad ya ese flash no me va a volver a molestar, ese "arrepentimiento" lo mandé a la misma...
*
Conclusión: Culpable no es como me siento ni lo que soy.
*

Declaratoria Final

Sí, sí, sí me declaro culpable de todos los cargos por los que me acusan. Me declaro culpable de haber hecho todo aquello que ustedes saben y también de todo aquello que no. Arrepentimientos... me parece que hasta el día de hoy no tenía ninguno. Aunque si analizamos bien, por lo que me arrepiento no es por la acción en sí, sino, por no acordarme de cómo llegué a hacerlo. La verdad, ya ni sé si me arrepiento o no, sólo sé que me duele el estómago al acordarme de los pocos trozos de la historia que viví esa noche...
Sí, me declaro culpable de no ser siempre la misma. Por cambiar la cara. Me declaro culpable de no hacer siempre lo que quiero, de contenerme, de dudar de mí misma. Porque esa noche descubrí que podía hacer hasta lo que no debía pero quería. Me declaro culpable de haber seguido esa noche mis instintos de una manera como nunca antes hubiera hecho. Me declaro culpable de no acordarme ya, ni de qué soy culpable. De haberme enojado sin razón, aunque desde mi perspectiva sí tenía lógica, pero no creo que esa perspectiva en ese momento haya sido fiable.
Me declaro culpable de haberlo iniciado yo y por no detenerlo. Me declaro culpable de ser fría y calculadora, aunque de nada haya servido esa noche. Me declaro culpable de no ser tierna, de no que no me enloquecer los niños y de hacerlos llorar de vez en cuando, por no saber cómo se les habla. Pero esa soy yo. Tómelo o déjelo, porque no soy de las que cambiarían eso. Porque me declaro culpable de no querer una "Simple kind of life". Me declaro culpable principalmente, de ya no saber lo que hice, pero haberlo hecho sabiendo. No sé si eso tiene sentido, me parece que no, así que lo explico de nuevo.
Ya no me acuerdo qué me hizo pensar en hacerlo, no me acuerdo de cómo llegué a hacerlo, pero sé, de eso sí me acuerdo, que tomé las decisiones conscientemente, aunque mi nivel de consciencia no era alto. Ahora, ya no sé todo lo que pasó esa noche, pero sé que lo hice porque quería. No estoy protegiendo a nadie, ni inculpando, estoy diciendo lo que creo que debo decir.

Tokyo Godfathers

Hay películas que sólo es necesario verlas una vez para saber que ya estarán por siempre entre los filmes que más nos gustan

Déjeuner du Matin

Il a mis le café
Dans la tasse
Il a mis le lait
Dans la tasse de café
Il a mis le sucre
Dans le café au lait
Avec la petite cuiller
Il a tourné
Il a bu le café au lait
Et il a reposé la tasse
Sans me parler

Il a allumé
Une cigarette
Il a fait des ronds
Avec la fumée
Il a mis les cendres
Dans le cendrier
Sans me parler
Sans me regarder

Il s'est levé
Il a mis
Son chapeau sur sa tête
Il a mis son manteau de pluie
Parce qu'il pleuvait
Et il est parti
Sous la pluie
Sans une parole
Sans me regarder

Et moi j'ai pris
Ma tête dans ma main
Et j'ai pleuré

I hate dogs

Nada Cambia

Es divertido cuando uno vuelve a un lugar, que no ha visitado por mucho tiempo, y ver que sigue igual. Ver que la pintura sigue del mismo color. Que se cultivan las mismas flores. Que nada realmente cambia.
Dicen que a la gente no le gusta el cambio. Eso, no cambia. Los chicos siempre van a ser chicos. Las chicas siempre van a ser chicas. Las mujeres nos seguimos enojando. Y los hombres siguen sin ver qué fue lo que hicieron que nos hizo enojar.
Nada cambia. Los recuerdos de aquel lugar nunca se irán. Las sonrisas, los sueños, las traiciones, lo bueno y lo malo, todo se queda allí. No creo que sea sano recorrer el mismo camino dos veces, pero es tranquilizante ver hacia atrás y ver todo lo que dejamos ir.
Lo más gracioso de toda la historia fueron los caprichos. No te tengo entonces te adoro. Te tengo, y ya no te quiero, de hecho te detesto. Te digo que te vayas, y te empiezo a extrañar... Y cuando las miradas se cruzaban...
Ciertos lugares conservan esa magia. La de nunca cambiar. La de hacernos recordar quiénes realmente fuimos, o peor, quiénes realmente somos. Si todo tiene que cambiar en esta vida, espero que ese lugar sea lo único que no cambie jamás. Si todo se mueve, si todo se transforma, quiero que ese sea, aunque sea único, mi punto de estabilidad.
Cuando la gente reconoce que existe tal punto, no lo deja ir. Llegan a depender tanto de él que lo cambian. Y esa no es la gracia. La gracia es saber que está allí pero no ir a él. La gracia es que cada vez que volvamos, descubrir cuán lejos se estuvo.

Profes...

Es curioso... la mayor parte de los estudiantes de la UCR, digo que de esta universidad, puesto que son con los que me relaciono, y que soy una. Bueno, la mayor parte de estos estudiantes, me atrevería decir que un 95%, reconoce a un buen matemático o físico, el estudiante es capaz de dicernir entre un buen y mal profesional, el estudiante está consciente que su profesor sabe de la materia.
Y a pesar de que los estudiantes sabemos cuando un profesor sabe o no de su materia, por qué rayos ellos no entienden si son o no buenos profesores. Una cosa es saber lo relativo a su carrera, y otra muy distinta es que sea profesor. Y es que en los que cometen más este error son los de Mate y Físcica, a pesar de que las materias no sean realmente difíciles, sino es por su accesabilidad y cotidianeidad.
En fin, esta gente, no ha llevado un curso de Pedagogía ni en foto y no tienen el talento de la enseñanza, y es mentira que el que no tiene talento enseña, es más bien como:
"El que no tiene paciencia, nos queda"

Mickey & Minnie


Mickey: I wanna divorce
Minnie: What? Are you fuckin' crazy?
Mickey: No, I'm fuckin' Daisy!

Dulce Inocencia

Justamente hoy estaba pensando en algo que estoy segura muchos no han hecho. Cuando yo era pequeña, corrección, cuando yo era una niña, corrección de nuevo, esta historia comienza desde antes que yo naciera. Va de nuevo. Dos años antes de que yo naciera se murió la mamá de mi papá, sí ahí empieza, bueno podría retroceder más, pero no me parece recomendable. El punto es que yo nunca conocí a mi abuela paterna.

Ahora retomo lo antes dicho, cuando yo era niña, para cada día de la madre mi papá nos pedía a mi hermana y a mi que lo acompañáramos a la tumba de su mamá. Mi mamá se iba temprano para donde la mamá de ella y ayudaba a preparar el almuerzo familiar y después llegábamos nosotros tres.

Mi papá se llevaba todo lo que necesitaba para arreglar la tumba, por lo cual una vez le pregunté que por qué la arreglaba él y por qué no mandaba a alguien más hacerlo y simplemente le llevaba las flores como el resto de la gente. Lo dije en un tono de tal ingenua arrogancia que mi papá no lo consideró una impertinencia, a eso mi papá me respondió más con una mirada que con las palabras, me dijo que él arreglaba la tumba por amor y respeto, eso no lo entendí muy bien. Pero a ello le agregó que también era porque nadie pagó por una niñera para que cuidara de él cuando era niño así que él tampoco pagaría a nadie porque cuidara de las tumbas.

En fin lo anterior fue sólo para que se hicieran una imagen de cuánto podíamos durar en el cementerio. Puesto que no sólo arreglaba las flores y el zacate, sino que también la pintaba y no sé cuanto más hacía... El punto de mi historia es que mientras él arreglaba, mi hermana y yo no íbamos a jugar escondido por todo el cementerio.

Nunca pensamos en las tumbas y cadáveres que había en ese lugar, pensábamos en todos esos lugares magníficos que había para ocultarse. Además que en el cementerio había bebederos, objetos que me han fascinado desde que llego para poder tomar de allí.

Podíamos pasar horas jugando en el cementerio, riéndonos y corriendo como si se tratara del patio de juegos de la escuela. Ahora que lo pienso, no creo que haya sido irrespetuoso, aunque más de una vez los adultos nos dijeron que nos quedáramos calladas y que volviéramos con nuestro padre; sin embargo, creo que a ninguno de los muertos les hubiera preocupado, porque no puedo ni pensar desde hacía cuánto no escuchaban una risa...

Bueno, creo que no muchos han jugado en un cementerio y menos disfrutándolo tanto como mi hermana y yo lo hicimos...

Lo más raro es que era algo que solíamos hacer, sin pensar nunca en las implicaciones, puesto que también cuando íbamos a donde mi abuela materna, nos íbamos a andar en bici por el cementerio que quedaba no a más de 200 metros de la casa. El lugar es perfecto para eso, puesto que es prácticamente plano.

Conclusión:

  • No se le debe prohibir a un niño jugar en un cementerio, para que no desarrolle miedo por la muerte.
  • Los muertos necesitan escuchar más risas.
  • Los adultos no deben ser tan intransigentes